Españoles: ¡Viva la BBC!

Vuelve el Círculo Rojo, sección centrífuga, 42 años después

El otro día nos encontrábamos en Zaragoza, nuestra ciudad, un aragonés de nacimiento y un catalán de ídem hablando de un tema que a España le importa poco, o sea, menos que las elecciones en Holanda o, más o menos, lo que le importa la manifestación de 5.000 egipcios en el Cairo. Se trata, naturalmente, de la manifestación en Cataluña a favor de la independencia. Un millón de personas, una arriba una abajo, casi no es noticia, ni para la España oficial ni, seguramente, para la inmensa mayoría de la no oficial. ¡Séptima noticia! en el Telediario de TVE (época Rajoy) de las 9 de la noche y Quinta noticia en el sumario de cabecera. Cuando, por cierto,  “esa séptima noticia”, por cierto, era la única novedosa, a esa hora de la noche, de las que había sucedido en España (una, grande y libre) ese día 11 de septiembre.

Nosotros nos preguntamos: ¿Si a TVE (época Rajoy) le importa un comino lo que expresan en Cataluña más de un millón de personas (y seguramente piensan muchas más), a quién puede extrañar que a todos esos ciudadanos y ciudadanas, de todo tipo y condición, les importe otro  comino TVE y la España a quien TVE, pese a pagarla entre todos,  representa?

El asunto es sencillo: ya lo explicaba en clave romántico-amorosa Ghoete en sus “Afinidades Electivas”: Las leyes de la química afectan a las personas como si fueran elementos. O sea, que se atraen o se repelen según sus comportamientos; o, dicho de otro modo, las pasiones que determinan sus actos dependen del comportamiento del otro.

Y nos volvemos a preguntar: ¿Cómo puede ser que, para la BBC, fuera la primera noticia de portada en el informativo de la noche y para la TVE fuera la séptima? ¿A alguien puede extrañarle que siendo así, a millones de catalanes, de todo tipo y condición -insistimos-, la España de los Austria y de los Borbones les resulte más ajena (en lo afectivo) que la pérfida Albión, desde cuya BBC De Gaulle llamaba a la resistencia de los franceses y era un altavoz libre, mientras que en España, incluida Cataluña, corrían los tiempos que corrían?

Es curioso que estos dos firmantes, nada nacionalistas ni independentistas (tampoco anti independentistas, allá cada cual): un aragonés algo catalán en lo cultural (pecado de lesa sospecha en su tierra aragonesa, donde le quieren negar el derecho a que su lengua materna sea llamada por su nombre, catalán de Saidí (Aragón tan puro, como pura es su lengua catalana), y un catalán algo aragonés (quizás, pronto pecado allá) al que Aragón, Zaragoza y su barrio de siempre, San José,  han sido, para bien o para mal, el máximo motivo de dedicación de su vida, es curioso, decimos, que hoy nos sintamos tan lejos de esa España incomprensiva y retorcida con su realidad histórica, como se sienten ellos… una importante mayoría de quienes viven en Cataluña.

Cuando hoy Monago en Extremadura, como ayer Rodríguez Ibarra, también en Extremadura (tal para cual), dicen lo que dicen o han dicho de los catalanes, en la mejor tradición de su adorado Hernán Cortés, no es de extrañar que, a pesar de la proximidad espacial, sea tan profundo el alejamiento sentimental. Entre otras cosas, porque no siempre fue exactamente así.

Y de todo ello, la mayor responsabilidad no está en el noreste peninsular, o, con perdón, en Catalunya. Porque no es allí donde juegan con fuego como dicen algunos incendiarios, sino en Génova, no la patria chica de Colón, sino la única patria de quienes hoy dirigen España.

El camino hacia el precipicio está despejado. Adelante.  … Pero en esta ocasión los tambores del Bruch no sonarán contra la liberal Francia, sino contra la vieja España, cuyos últimos 30 años, de seguir así,  sólo parecerán un paréntesis corto de su historia, como lo fue la II República.

Por último, desde aquí queremos enviar un entrañable saludo de ánimo a los trabajadores de RTVE en Cataluña, quienes, por lo que pudimos ver, realizaron, de la manifestación y de la diada, un trabajo riguroso, digno y profesional, pese a que desde la redacción de Madrid hicieron lo posible por desnaturalizarlo. El retintín de la presentadora del telediario de noche con la “inocente” pregunta de “¿Parece que esta año ha ido más gente a la manifestación de la Diada, no?” recordaba los ojos vidriosos del Sr. Urdaci cuando deletreaba, años atrás,  también con retintín, el nombre de C-C-O-O-.

Cuando a un periodista no le gusta o está cabreado con la realidad que tiene que contar, mejor que respire hondo o hable con un psicólogo antes de que la mala baba se les escurra, gota a gota, por las ondas. De lo contrario, conseguirá más adeptos a la causa que detesta que los defensores de la misma en centenares de años.

Ricardo Berdié Paba

Mario Sasot Escuer

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